Alejandra Crail (enviada)
(Parte I)
La tortuga marina es famosa en cada rincón del orbe no sólo por su belleza natural, su habilidad para sobrevivir en las profundidades del océano o su enigmático estilo de vida, los mitos y tabúes que el hombre ha generado alrededor de ella la han colocado en los reflectores del mundo por la considerable reducción en número de ésta, al grado de categorizarla en peligro de extinción.
“Hay leyes, faltan prácticas”
Estas seis especies anidan en playas de los estados de Oaxaca, Tamaulipas, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Guerrero, Veracruz, Chiapas, Quintana Roo, Campeche, Sinaloa y Baja California Sur.
Roberto López, nativo de Marquelia, Guerrero —uno de los lugares de anidación del estado— asegura que cuando él era niño en la playa se veían llegar cientos de tortugas “las brincábamos de una a una”, comentó.
Ahora que es dueño y fundador de un campamento tortuguero ubicado en la playa La Bocana en su lugar natal, don Roberto señala con tristeza que cada vez aparecen en menor cantidad en las épocas de anidación. “Rondamos toda la noche, pero ya no llegan como hace años.”
México tiene leyes que estipulan el compromiso y noción de responsabilidad que debemos tener todos los habitantes para con las diversas especies de tortugas marinas que llegan a nuestro territorio.
A pesar de que la tortuga tiene un respaldo legal y que es considerada patrimonio natural de la humanidad, los obstáculos que tiene que superar para sobrevivir son diversos; implícitamente los depredadores naturales a los que se enfrentará desde el momento de su nacimiento y durante su estancia en el mar, como dice don Roberto: “En el mar están los tiburones, pero en la tierra el peor depredador es el hombre.”
Además del robo de huevos, asesinato y lucro con la piel, los daños al medio ambiente —que han desembocado en el calentamiento global— han colaborado a la desaparición paulatina de la especie.
“De mil tortugas que se liberan en el mar, que sobrevivieron a los depredadores terrestres, sólo dos o tres son las que sobreviven”, enfatiza el guardián tortuguero de La Bocana.
Ese camino, de la playa hacia el mar, se convertirá en su primer recuerdo y lo utilizarán ocho, nueve o diez años después para volver al mismo lugar y dar vida a otros seres similares.
Las estadísticas han cambiado, con el paso del tiempo se han ido reduciendo. Tan sólo 0.3 por ciento de cada mil tortugas sobrevive en el océano y no es precisamente por los depredadores naturales. La degradación del ecosistema marítimo que ha causado el hombre es la principal problemática para garantizar su supervivencia. Don Roberto tiene razón: los seres humanos son el peor enemigo de la tortuga marina.
Fuente : Teorema Ambiental
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